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Una flor que recuerda la belleza de lo efímero

Escrito por: Roxana Zermeño
Escrito por: Roxana Zermeño

Se dice que Japón tiene muy marcadas y definidas las cuatro estaciones, y una de las más esperadas es la entrada de la primavera. Si bien en diversas regiones del mundo existen festivales o fiestas que indican el inicio de la primavera, en la isla nipona, desde hace siglos, un color tiñe, las calles, los jardines públicos, los bosques y los montes de un rosa pálido y un blanco aperlado. Son los colores de las flores de cerezo, que aparecen en esas fechas dando inicio al ciclo de la agricultura, a la abundancia y a la alegría.

Si bien a lo largo de la historia japonesa, los agricultores, ciudadanos y nobles han observado la floración de los cerezos, en la actualidad, gracias a la tecnología, se monitorea y se predice en qué día se abrirán las flores en las distintas zonas de Japón; es decir, los noticieros por la mañana mencionan los nombres de las regiones, ciudades o poblados donde se podrá admirar cómo en las ramas se abren los capullos, las flores muestran su esplendor y se deshacen de sus hojas dejando que el viento las lleves y las disperse por los lagos, las montañas, los calles, el paisaje rural y urbano.

En japonés, existe una palabra que significa “contemplar las flores”, en particular las de cerezo, es hanami (花見); se trata de una actividad que se realiza en grupo, ya sea con los amigos, en familia o, como ahora se ve frecuentemente, con los compañeros de la empresa (suele enviarse a uno de los empleados a reservar un lugar debajo de los tupidos árboles rosados). Las personas, adultos y niños, llevan comida y bebida, y pueden estar todo el día disfrutando de la compañía de otros, pero sobre todo, observando los cambios en las ramas de los cerezos, cómo poco a poco asoman las bellas flores.